¿Ramularia en vicia: cuándo debería preocupar?
A medida que la vicia se consolida como el cultivo de servicios más utilizado en Argentina, las enfermedades foliares empiezan a ganar protagonismo. Sin embargo, su impacto varía según la región y plantea interrogantes sobre su manejo.
Publicado el 31 de julio de 2026

En las últimas campañas, la REM de Aapresid recibió consultas de asesores de las regionales Necochea y Centro de Córdoba por la presencia de manchas foliares y pérdidas de biomasa en cultivos de vicia. Si bien en muchos casos la enfermedad se asocia al hongo Ramularia sphaeroidea, la información disponible en Argentina aún es limitada y la importancia agronómica parece variar considerablemente según el ambiente. ¿Qué se sabe hasta ahora y cuándo debería preocupar?
La vicia gana protagonismo... y también aparecen nuevos desafíos
Los cultivos de servicios son una de las principales herramientas de manejo para mejorar la sustentabilidad de los sistemas agrícolas, gracias a su aporte en la protección del suelo, la mejora de sus propiedades físicas y biológicas, la fijación de nitrógeno y su contribución al manejo integrado de malezas.
Dentro de ellos, la vicia (Vicia villosa y Vicia sativa), es hoy la especie más utilizada por su amplia adaptación a distintos ambientes y su elevada producción de biomasa. Según la encuesta REM 2025 a productores socios de Aapresid, representa el 41,5% de los cultivos de servicios implantados, seguida por el centeno (37,5 %) y la avena (13,8 %) (Fig. 1).

Su creciente incorporación también comenzó a poner en evidencia algunos desafíos sanitarios asociados a su manejo. Como cualquier cultivo extensivo, la vicia puede ser afectada por enfermedades foliares que, bajo determinadas condiciones ambientales, reducen la producción de biomasa y comprometen algunos de los servicios ecosistémicos que se buscan con su implantación.
¿Qué está pasando en los lotes?
En las últimas campañas, asesores y productores han reportado en distintas regiones del país la presencia de lotes de vicia con síntomas de enfermedad durante el otoño y el invierno. Entre los síntomas más frecuentes se destacan manchas necróticas en hojas y tallos, pérdida de área foliar y sectores con marcada reducción de biomasa, que generan un aspecto desuniforme del cultivo (Fig. 2).
Si bien estos síntomas pueden estar asociados a diferentes patógenos, una de las enfermedades foliares más frecuentemente reportadas es la causada por el hongo Ramularia sphaeroidea.
Sin embargo, la problemática no se presenta de la misma manera en todas las regiones. Mientras que en algunos ambientes las enfermedades foliares pueden comprometer significativamente el desarrollo del cultivo, en otros su presencia no modifica el manejo ni el desempeño esperado de la vicia como cultivo de servicios.

Ramularia: qué se sabe y qué todavía falta conocer
El Dr. Ignacio Erreguerena, especialista en fitopatología y uno de los autores del primer reporte de Ramularia sphaeroidea en vicia en Argentina, advierte que no toda la sintomatología observada en el cultivo puede atribuirse exclusivamente a este patógeno, destacando la importancia del correcto diagnóstico.
En numerosos lotes se aislaron otros hongos, como Alternaria spp., Botrytis spp. y distintos organismos saprófitos capaces de producir síntomas similares. Por eso, en muchas situaciones resulta más apropiado hablar de un complejo de enfermedades foliares de la vicia que de un único agente causal.
Asimismo, Erreguerena aclara que R. sphaeroidea, reportada en vicia, no debe confundirse con R. collo-cygni, patógeno de la cebada, ya que ambas presentan estrategias de vida diferentes, no comparten hospedante y no necesariamente responden del mismo modo a las herramientas de manejo disponibles.
En vicia, la enfermedad se manifiesta como lesiones necróticas de color marrón oscuro a negro, generalmente rodeadas por halos cloróticos. Los síntomas suelen comenzar en las hojas inferiores y avanzar hacia los estratos superiores, provocando amarillamiento, defoliación prematura y, en ataques severos, afectando tallos y vainas (Fig. 3).
Las más predisponentes son las vicias que logran acumular gran cantidad de biomasa en el otoño. Su desarrollo se ve favorecido por ambientes húmedos, temperaturas moderadas y canopeos densos, donde la circulación del aire es menor y el período de mojado foliar es más mayor. En estos escenarios, este patógeno encuentra condiciones propicias para progresar.
Aunque todavía existen pocos estudios locales que permitan cuantificar las pérdidas de biomasa, experiencias locales de protección foliar en Vicia villosa evidencian que el control temprano de patógenos puede mantener tasas superiores de radiación interceptada y cobertura verde (NDVI), evitando caídas importantes en la producción de biomasa del cultivo.

No todas las regiones muestran el mismo escenario
Las consultas realizadas a asesores y productores muestran que la importancia agronómica de estas enfermedades cambia según la región.
En el sudeste bonaerense, donde predominan ambientes húmedos durante el otoño y el invierno, los asesores Guillermo Divito y Esteban Bilbao de la Regional Aapresid Necochea reportan incidencias cercanas al 100 % y reducciones importantes de biomasa. Cuando la enfermedad progresa severamente sin control, incluso pueden generarse manchones, favoreciendo la presencia de malezas.
En estos casos, algunos productores integran el uso de fungicidas al manejo con el objetivo de preservar la cobertura y maximizar la producción de biomasa. Las aplicaciones suelen realizarse entre julio y agosto utilizando mezclas de tirazoles con estrobilurinas y, ocasionalmente, carboxamidas. También se exploran estrategias culturales, como las siembras consociadas con gramíneas para mejorar la aireación del canopeo.
La situación es diferente en otras regiones del país. En el centro de Córdoba, por ejemplo, si bien se observan síntomas foliares, los asesores indican que normalmente no modifican el manejo del cultivo ni justifican intervenciones específicas.
¿Conviene aplicar fungicidas? La respuesta es, depende.
Los pocos ensayos disponibles muestran que los fungicidas reducen inicialmente la severidad de la enfermedad, pero el patógeno recoloniza rápidamente los tejidos nuevos, limitando la persistencia del control. Además, todavía no está claro si el incremento de biomasa obtenido compensa el costo de la aplicación.
Por este motivo, hoy no existe una recomendación general para el uso de fungicidas en vicia. La decisión debe evaluarse caso por caso, considerando el ambiente, el estado sanitario del cultivo y el objetivo buscado con el cultivo de servicios.
Mientras tanto, el monitoreo temprano continúa siendo la principal herramienta para la toma de decisiones. En ambientes predisponentes, prácticas que favorezcan la aireación del cultivo, como las siembras consociadas con gramíneas, podrían contribuir a generar condiciones menos favorables para el desarrollo de los patógenos.
Más preguntas que respuestas
El crecimiento sostenido de la vicia como cultivo de servicios abre nuevos interrogantes sanitarios. ¿Cuál es el impacto real de estas enfermedades sobre los servicios ecosistémicos que brinda el cultivo? ¿Existen materiales con mejor comportamiento sanitario? ¿Cuándo una reducción de biomasa justifica una intervención? ¿Qué herramientas de manejo resultan realmente costo-efectivas?
Lejos de ser un problema resuelto, R. sphaeroidea y el complejo de enfermedades foliares de la vicia representan un ejemplo de cómo los cultivos de servicios también presentan desafíos sanitarios que merecen ser estudiados. Según la experiencia recabada por la REM, la clave seguirá siendo interpretar cada situación en función del contexto productivo y sostener el monitoreo como base para la toma de decisiones.