Casi 5 millones de hectáreas con Borreria: el aporte de la intensificación invernal y los residuales
Datos de la REM y ensayos de la Chacra La Paloma evidencian el valor de la intensificación invernal y los herbicidas residuales para disminuir la presión de Borreria spp. en los sistemas productivos del norte.
Publicado el 30 de junio de 2026

La expansión de Borreria spp., con 19 especies citadas para la flora Argentina, se ha convertido en una de las principales preocupaciones para los sistemas agrícolas del norte argentino. Su capacidad para persistir y rebrotar dificulta el control y obliga a replantear estrategias de manejo. En este contexto, los relevamientos de la REM de Aapresid y los ensayos realizados por la Chacra La Paloma en el sudoeste de Chaco y este de Santiago del Estero aportan información clave para mantener a raya a estas especies.
Una maleza que sigue expandiéndose
Según el último relevamiento de malezas problemas de la REM de Aapresid, Borreria spp. está presente en 103 departamentos del país y ocupa unas 4.929.672 hectáreas, equivalentes al 16,6% de la superficie agrícola relevada. La situación es particularmente crítica en el norte de Córdoba, NOA y NEA, donde concentra la mayor abundancia de la especie (Fig. 1).
En provincias como Chaco (64%) y Santiago del Estero (52%) la maleza está presente en más de la mitad de la superficie agrícola, reflejando una notable capacidad de adaptación y colonización. Su expansión también se asocia a una elevada tolerancia a herbicidas ampliamente utilizados y a su capacidad para persistir en sistemas productivos más simplificados.

¿Qué la hace tan difícil de controlar?
Parte del éxito de Borreria spp. radica en que combina dos mecanismos de perpetuación: la reproducción por semillas y la regeneración a partir de estructuras subterráneas (xilopodios). Las semillas responden rápidamente a condiciones ambientales favorables de temperatura y luz. Cuando permanecen sobre la superficie del suelo y encuentran temperaturas entre 20 y 30 °C, pueden romper la dormición y germinar en pocos días. Las principales cohortes de emergencia ocurren durante la primavera, aunque también suele registrarse un segundo pico entre febrero y marzo (Fig. 2).
Durante las primeras etapas, las plántulas muestran un crecimiento relativamente lento, pero una vez establecidas, incrementan su biomasa rápidamente y adquieren una elevada capacidad competitiva. Esto, sumado a la capacidad de emitir brotes desde xilopodios, resulta que en un mismo lote puedan convivir plantas provenientes de semillas y rebrotes con diferentes momentos de emergencia, generando distintos estados de desarrollo y dificultando la sincronización y la eficacia de las prácticas de control.
Sin embargo, existe un aspecto relevante para el manejo: la emergencia disminuye significativamente cuando las semillas permanecen cubiertas por residuos vegetales o enterradas a más de 2 cm de profundidad, lo que abre oportunidades para intervenir desde el diseño del sistema productivo.

Intensificación invernal: ocupar el ambiente para reducir la regeneración
Frente a este escenario, el manejo basado exclusivamente en aplicaciones de herbicidas postemergentes suele mostrar limitaciones. Por ello, cobra relevancia la incorporación de estrategias que reduzcan la emergencia y disminuyan la presión de la maleza sobre los cultivos.
Con el objetivo de evaluar alternativas de manejo integradas, la Chacra La Paloma de Aapresid estudió el aporte de la intensificación invernal mediante la incorporación de trigo y vicia en la rotación y de los herbicidas residuales al manejo, cuyos resultados fueron publicados recientemente en la revista Malezas de ASACIM.
Los resultados mostraron que ambos cultivos redujeron los rebrotes de Borreria spinosa respecto del barbecho (Fig. 3). La ocupación del ambiente durante el período invernal permitió disminuir los rebrotes durante aproximadamente cuatro meses, aunque la magnitud del efecto varió a lo largo del tiempo. Entre las alternativas evaluadas, la vicia se destacó por sostener una supresión más prolongada hacia la primavera, alargando el efecto de competencia sobre la maleza y cobertura del suelo.
Estos resultados refuerzan el valor de los sistemas más intensificados, donde la presencia de cultivos durante una mayor proporción del año contribuye a reducir nichos disponibles para las malezas.

El trabajo también evaluó el efecto de distintos herbicidas residuales: imazapyr, sulfometurón metil + clorimurón etil y clorsulfurón + metsulfurón metil, aplicados en barbecho sin cobertura de la maleza. Todos los tratamientos lograron reducir significativamente tanto los nacimientos como los rebrotes de Borreria spinosa respecto del testigo sin control químico. Esto permitió disminuir la presión inicial de infestación durante el ciclo de los cultivos estivales y complementar el efecto aportado por la intensificación.
Los resultados muestran que los herbicidas residuales constituyen una herramienta valiosa para intervenir sobre distintos momentos del ciclo de vida de la maleza, especialmente cuando se integran dentro de una estrategia más amplia.
Diversificar para manejar mejor
La experiencia confirma que el manejo de Borreria requiere una mirada integral. Mientras los cultivos invernales contribuyen a reducir rebrotes y ocupar el ambiente, los herbicidas residuales ayudan a disminuir nuevas emergencias y la presión inicial de infestación.
En conjunto, estas estrategias permiten avanzar hacia sistemas más diversos y resilientes, reduciendo la dependencia de los controles químicos postemergentes y contribuyendo con herramientas de manejo más sustentables para una maleza que continúa expandiéndose en gran parte del norte argentino.