Carbono en agricultura: ¿cómo pasar de indicadores “políticamente correctos” a decisiones concretas y de impacto?
La agricultura está cada vez más interpelada por su impacto ambiental. En materia de Carbono, mientras los mercados y Gobiernos siguen debatiendo sobre reglamentaciones, premios y castigos, los productores siguen buscando cómo transformar este indicador en decisiones.
Publicado el 8 de abril de 2026

En ese camino, los productores de la Chacra Aapresid Sur de Córdoba dieron un paso clave: medir. Junto a la Red de Carbono de Aapresid, el grupo cuantificó la huella de carbono (HdC) de los principales cultivos y el balance de carbono orgánico del suelo (COS). El objetivo: entender cuánto emiten sus sistemas por tonelada producida, dónde están los principales focos de emisión para actuar en consecuencia, y cómo evoluciona el carbono en el suelo en función de cada planteo productivo.
La huella de carbono permite evaluar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción agrícola - incluyendo CO₂, N₂O y CH₄ -, en este caso, por tonelada producida. El balance de COS mide la diferencia entre las entradas y salidas de carbono del suelo, reflejando si éste está capturando o perdiendo carbono.
Huella de carbono: sistemas eficientes en contexto
La estimación de Huella de C se realizó para los principales cultivos extensivos - soja, maíz, trigo, cultivos de servicios, etc. - y se basó en datos de cinco campañas, más de 100.000 hectáreas.
El análisis permitió no solo conocer la huella C por tonelada producida sino además identificar dónde están los principales focos de emisión para actuar en consecuencia. En gramíneas como maíz y trigo, entre el 60 y 70% de las emisiones están asociadas a la fertilización nitrogenada. En cambio, en cultivos como soja o girasol, el peso relativo se desplaza hacia el uso de fitosanitarios y el consumo de combustible, que pueden representar hasta el 50-60% de las emisiones totales .
Estos resultados marcan una hoja de ruta: mejorar la eficiencia en el uso de insumos es clave para seguir reduciendo la huella. En este sentido, prácticas como la fertilización variable y el manejo integrado de plagas aparecen como herramientas concretas para avanzar en ese objetivo.

Más allá de conocer los puntos de ajuste, los productores de la Chacra supieron que van por buen camino: para la mayoría de los cultivos la Huella C generada fue inferior a la de la media zonal. “En el caso del trigo, para producir 1 tonelada de grano, los productores de la Chacra generan casi 200 kg de CO2eq menos que la media zonal”, explica Florencia Moresco, Coordinadora de la Red C de Aapresid.
Carbono en suelo: la intensificación hace la diferencia
El otro eje del trabajo fue el balance de carbono orgánico del suelo, un indicador clave no solo desde lo ambiental, sino también desde lo productivo: “La mitad de la materia orgánica del suelo está compuesta por carbono, y los estudios en Argentina reportan que por cada 1% de aumento en la MO los rindes de maíz pueden crecer hasta 12 qq/ha, y en soja, hasta 3,3 a 4,3 qq/ha en ciertas zonas”, explica Moresco y agrega: “el carbono en el suelo depende directamente del manejo: maximizar los aportes (biomasa, raíces, rastrojos) y minimizar las pérdidas es la base para sostener o incrementar su nivel”.
Los resultados de la Chacra mostraron que los planteos que incorporaron cultivos de servicio y mantuvieron el suelo cubierto durante más tiempo, lograron balances de carbono positivos o neutros. “Por ejemplo, la secuencia vicia/maíz mejoró el stock de carbono del suelo en un 1.4%, mientras que un monocultivo de soja perdió casi 0.5% del stock inicial”, cita Moresco.
La mirada del productor
Darío Monje, miembro de la Chacra, reflexiona sobre su participación en la Chacra y los resultados del estudio: “Me sumé a la Chacra porque siempre me interesó la salud del suelo. Sentía que los rendimientos estaban en una meseta y había que entender qué estaba pasando”.
“Uno de los principales logros de analizar indicadores vinculados al carbono es haber traducido conceptos complejos, como la huella de carbono o el balance de COS, en información concreta para la toma de decisiones. Antes mirábamos el suelo desde lo físico, la raíz, la implantación. Hoy le sumamos la mirada del carbono, que termina de cerrar todo el sistema”, agrega.
El grupo aprendió que prácticas como la intensificación de secuencias y el uso de cultivos de servicio no son sólo conceptos bonitos sino que aportan beneficios concretos a la salud del suelo y los rindes. “La intensificación bien hecha es la clave. Nos permite mejorar rendimientos, cuidar el suelo y reducir la huella” resume Monje.

La mirada del productor
Darío Monje, miembro de la Chacra, reflexiona sobre su participación en la Chacra y los resultados del estudio: “Me sumé a la Chacra porque siempre me interesó la salud del suelo. Sentía que los rendimientos estaban en una meseta y había que entender qué estaba pasando”.
“Uno de los principales logros de analizar indicadores vinculados al carbono es haber traducido conceptos complejos, como la huella de carbono o el balance de COS, en información concreta para la toma de decisiones. Antes mirábamos el suelo desde lo físico, la raíz, la implantación. Hoy le sumamos la mirada del carbono, que termina de cerrar todo el sistema”, agrega.
El grupo aprendió que prácticas como la intensificación de secuencias y el uso de cultivos de servicio no son sólo conceptos bonitos sino que aportan beneficios concretos a la salud del suelo y los rindes. “La intensificación bien hecha es la clave. Nos permite mejorar rendimientos, cuidar el suelo y reducir la huella” resume Monje.