Milímetros que valen oro: la estrategia de duplicar la gruesa

Productores de la Regional Villa Trinidad de Aapresid cuentan cómo volvieron a apostar por dos cultivos de gruesa en una zona desafiante, leyendo el año a tiempo y ajustando cada manejo para que la estrategia cierre agronómica y económicamente.

Publicado el 25 de febrero de 2026

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En Villa Trinidad no todos los años se parecen. Hay campañas que obligan a defender cada milímetro y otras que, si se las sabe leer a tiempo, permiten animarse a algo más.

La campaña 2025/26 empezó a dar señales temprano. No fue un golpe de suerte, sino una sucesión de indicios que había que interpretar. Facundo Paolucci los vio y tomó una decisión que en la zona hacía tiempo no se repetía: volver a apostar por dos cultivos de gruesa en la misma campaña.

No era una elección menor. Productor e ingeniero agrónomo, integrante de la Regional Villa Trinidad de Aapresid, trabaja un campo propio, con más de 30 años de historia familiar y un planteo 100% agrícola. “Acá no tenemos otra actividad que amortigüe. Cada decisión impacta directo”, cuenta. Y justamente por eso, animarse no es improvisar: es leer el contexto y asumir el riesgo con los números sobre la mesa.

En esa zona del centro-norte santafesino los inviernos suelen ser poco llovedores y las lluvias fuertes recién arrancan en octubre. Por eso, entrar con girasol a mediados de agosto no es un detalle menor. Es una señal.

La principal condición para pensar en dos cultivos de gruesa es poder sembrar temprano el girasol, entre mediados de agosto y la primera semana de septiembre. Si logramos eso y el cultivo se desarrolla bien, ya empezás a mirar el año de otra manera”, explica.

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Hacía tiempo que no lo hacían. “Hubo campañas donde no tuvimos condiciones para girasol. Y el año pasado se sembró tarde y lo cosechamos en marzo. Con cosecha en marzo no hay margen para nada más”.

Esta vez fue distinto. El girasol no sólo entró temprano, sino que las lluvias acompañaron. Y dejaron algo más que buen ánimo.

Tuvimos varias precipitaciones y parte de esa agua no la llegó a usar el cultivo. Quedó en el perfil. Entonces, cuando lo cosechamos, ya sabíamos que abajo había humedad disponible y todavía estábamos en una ventana donde podían seguir las lluvias”.

La decisión empezó a tomar forma ahí. Para ganar días, optaron por el secado anticipado en madurez fisiológica. “Lo desecamos para adelantar la cosecha. Cada día cuenta cuando estás pensando en un segundo cultivo”, dice.

El resultado del girasol fue correcto —entre 25 y 30 quintales en la zona— aunque la expectativa era algo mayor. “El cultivo nunca sufrió. Por eso esperábamos un poco más”, reconoce. Pero lo importante ya no era sólo el rinde, sino lo que venía después.

Detrás del girasol avanzaron con maíz. No como un planteo convencional, sino como una estrategia pensada en conjunto.

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“No es lo mismo arrancar con un barbecho que sobre un cultivo recién cosechado. Ajustamos densidad, trabajamos con 60.000 semillas por hectárea, sembradas a 52 cm entre surcos y 180 kilos de urea. Hay que acompañar bien con fertilización nitrogenada”, detalla. En los casos de soja detrás de girasol, eligieron grupos más cortos y achicaron el espaciamiento entre líneas, sembrando a 17,5 o 21 cm para cerrar rápido el entresurco.

“La ventaja es aprovechar los milímetros que quedaron en el suelo y volver a generar el rédito económico de otro cultivo de gruesa. Siempre dejando buena cobertura y cuidando el sistema”, resume.

Pero nadie pierde de vista el riesgo. “Los puntos críticos son que nos sigan acompañando las lluvias y que no aparezca una helada temprana que te corte el ciclo. Eso siempre está en la cabeza”.

Mario Giergoff, asistente técnico de la Regional, pone el contexto que explica por qué esta estrategia no es habitual en la zona. “Nuestros suelos son clase II y III, con limitantes de infiltración por el horizonte BT. El clima tiene inviernos secos y lluvias concentradas desde octubre. No es una región donde sobren las condiciones”, describe.

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Las rotaciones más frecuentes combinan trigo y soja, y sino girasol o maíz. También hay sorgo y Carinata que empieza a ganar espacio. Pero dos cultivos de gruesa en una misma campaña no es la norma.

La clave, insiste Giergoff, es pensarlos como un todo. “Hay que tener una visión integral de los dos cultivos, planificar fechas, medir fertilidad y ajustar el manejo. No es hacer uno y después ver qué pasa”.

Esa mirada integral no queda sólo en el lote de Facundo. Desde la Regional están generando información específica para la zona, uno de los grandes valores del trabajo en red dentro de Aapresid.

Juntos están llevando adelante un ensayo comparativo de maíz sobre girasol. “Nos interesa ver la performance de distintos híbridos en este escenario, que no es tan frecuente acá”, cuenta Giergoff. Además, están midiendo incidencia de cogollero en híbridos con distintas tecnologías y probando estrategias para chicharrita —biológicas y químicas— evaluando eficacia a las 24, 72 horas y hasta los 14 días.

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Desde la Regional hacemos mucho foco en generar información local. Muchas veces esa es la limitante: no hay datos específicos para nuestra zona. Entonces los producimos nosotros”, agrega.

Hoy los maíces están en pie y, según Paolucci, “vienen muy lindos”. Las lluvias posteriores a la siembra ayudaron. La preocupación pasa por la presión de Dalbulus, que este año se siente fuerte en la región. “Todavía no sabemos cómo va a impactar”, admite.

Aun así, la expectativa es alta. “Arrancamos con buena fecha y con un perfil cargado. Eso ya te cambia el ánimo”.

En Villa Trinidad, la doble gruesa no es una receta que se repite cada campaña. Es una decisión que aparece cuando el clima, el manejo y la experiencia acumulada se alinean. Y cuando eso sucede, el respaldo de una Regional activa transforma una apuesta individual en una estrategia compartida.

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