¿Cómo optimizar el manejo de preemergentes en años secos?

Los preemergentes siguen siendo una herramienta central, pero en campañas secas exigen un manejo mucho más preciso, donde la activación, la persistencia y la interacción con el ambiente definen el resultado. La clave ya no es solo qué aplicar, sino cuándo hacerlo y cómo diseñar la estrategia.

Publicado el 5 de diciembre de 2025

placeholder imageEl desafío de los preemergentes en años secos.
El desafío de los preemergentes en años secos.

Los herbicidas preemergentes son una herramienta clave dentro de los programas de manejo de malezas. Su función es prevenir la emergencia de nuevas cohortes, formando una película activa sobre la superficie del suelo que actúa sobre las semillas en germinación. Es así como mantienen el lote libre de nacimientos durante las primeras semanas críticas del cultivo, lo que reduce la necesidad de aplicaciones en post emergencia.

Existen diversos grupos químicos, cada uno con un comportamiento distinto según las condiciones ambientales y el tipo de suelo, por lo que su elección debe adaptarse a cada sistema. Para conocer en profundidad estas herramientas y su comportamiento en la complejidad de campañas secas, la REM consultó al Dr. Pedro Christofoletti, profesor de la Universidad de São Paulo (ESALQ-USP) y especialista en manejo de malezas y resistencia a herbicidas.

¿Cómo lograr eficacia cuando falta agua?

En un suelo con buena humedad, la activación del herbicida aplicado al suelo es rápida, la absorción homogénea y la eficacia inicial mucho más estable. Mientras que en campañas secas, el producto tiende a permanecer en superficie, con activación limitada y distribución irregular, lo que genera zonas sin control y residuos concentrados.

En este escenario, el foco debe estar menos en el producto y más en la estrategia: elegir el momento adecuado, anticiparse a las lluvias y adaptar las decisiones al tipo de suelo y cobertura. Como señaló el especialista “en años secos, cada milímetro de agua cuenta”, por lo tanto, el manejo debe apuntar a mantener el lote limpio hasta la siembra usando la mínima cantidad de agua posible.

En estas condiciones, Christofoletti resalta cuatro aspectos fundamentales que definen el éxito de los preemergentes:

  1. Elección de moléculas de baja dependencia hídrica, es decir, productos que logren activarse con poca lluvia o humedad superficial. El flumioxazin es un ejemplo: mantiene actividad incluso con precipitaciones leves.
  2. Ajustar el momento de aplicación, priorizando hacerlo cerca de una lluvia efectiva (dentro de los 5 a 7 días), ya que aplicar con demasiada anticipación reduce drásticamente la incorporación al suelo.
  3. Evitar excesos de cobertura, una capa gruesa de rastrojo puede impedir que el herbicida llegue al suelo.
  4. Rotar modos de acción, ya que en años secos, la irregularidad del control aumenta la presión de selección y favorece resistencias.

El manejo de herbicidas no pasa por sumar productos, sino por combinar tiempos de acción y mecanismos complementarios que se ajusten a la dinámica del agua en el suelo, compensen debilidades y mantengan estable el control. Por ejemplo, el flumioxazin ofrece una activación rápida bajo poca humedad, mientras que el s-metolacloro aporta un control más prolongado que depende más de la humedad, combinando la velocidad de uno con la persistencia del otro, actuando como un seguro agronómico. Del mismo modo, combinar flumioxazin con una triazina como el metribuzin o terbutilazina permite ampliar el espectro y mantener la residualidad, asegurando que siempre haya un activo funcionando.

A esta lógica se suma un concepto clave: el “encadenamiento o superposición de residuales”, que consiste en escalonar herbicidas con distintas duraciones y momentos de aplicación. De este modo, cuando uno empieza a perder eficacia, el siguiente ya está activo, extendiendo el control y reduciendo reinfestaciones. Además, permite distribuir el riesgo climático: si la primera aplicación no se activa por falta de lluvia, la segunda puede compensar. Lograr un barbecho eficiente en estas condiciones no depende del número de productos, sino de usar cada uno en el momento correcto y con sentido agronómico. “Cuando falta agua, el tiempo pasa a ser nuestro herbicida más importante.” resume Christofoletti.

¿Cómo lograr eficacia cuando falta agua?

En un suelo con buena humedad, la activación del herbicida aplicado al suelo es rápida, la absorción homogénea y la eficacia inicial mucho más estable. Mientras que en campañas secas, el producto tiende a permanecer en superficie, con activación limitada y distribución irregular, lo que genera zonas sin control y residuos concentrados.

En este escenario, el foco debe estar menos en el producto y más en la estrategia: elegir el momento adecuado, anticiparse a las lluvias y adaptar las decisiones al tipo de suelo y cobertura. Como señaló el especialista “en años secos, cada milímetro de agua cuenta”, por lo tanto, el manejo debe apuntar a mantener el lote limpio hasta la siembra usando la mínima cantidad de agua posible.

En estas condiciones, Christofoletti resalta cuatro aspectos fundamentales que definen el éxito de los preemergentes:

  1. Elección de moléculas de baja dependencia hídrica, es decir, productos que logren activarse con poca lluvia o humedad superficial. El flumioxazin es un ejemplo: mantiene actividad incluso con precipitaciones leves.
  2. Ajustar el momento de aplicación, priorizando hacerlo cerca de una lluvia efectiva (dentro de los 5 a 7 días), ya que aplicar con demasiada anticipación reduce drásticamente la incorporación al suelo.
  3. Evitar excesos de cobertura, una capa gruesa de rastrojo puede impedir que el herbicida llegue al suelo.
  4. Rotar modos de acción, ya que en años secos, la irregularidad del control aumenta la presión de selección y favorece resistencias.

El manejo de herbicidas no pasa por sumar productos, sino por combinar tiempos de acción y mecanismos complementarios que se ajusten a la dinámica del agua en el suelo, compensen debilidades y mantengan estable el control. Por ejemplo, el flumioxazin ofrece una activación rápida bajo poca humedad, mientras que el s-metolacloro aporta un control más prolongado que depende más de la humedad, combinando la velocidad de uno con la persistencia del otro, actuando como un seguro agronómico. Del mismo modo, combinar flumioxazin con una triazina como el metribuzin o terbutilazina permite ampliar el espectro y mantener la residualidad, asegurando que siempre haya un activo funcionando.

A esta lógica se suma un concepto clave: el “encadenamiento o superposición de residuales”, que consiste en escalonar herbicidas con distintas duraciones y momentos de aplicación. De este modo, cuando uno empieza a perder eficacia, el siguiente ya está activo, extendiendo el control y reduciendo reinfestaciones. Además, permite distribuir el riesgo climático: si la primera aplicación no se activa por falta de lluvia, la segunda puede compensar. Lograr un barbecho eficiente en estas condiciones no depende del número de productos, sino de usar cada uno en el momento correcto y con sentido agronómico. “Cuando falta agua, el tiempo pasa a ser nuestro herbicida más importante.” resume Christofoletti.

Parámetros intrínsecos de cada activo

La persistencia de los herbicidas aplicados al suelo depende de su vida media, solubilidad y capacidad de fijarse al suelo. “El manejo correcto no es extender la dosis, sino elegir moléculas adaptadas al déficit hídrico y planificar los cultivos sucesores”, advirtió. Para caracterizar a los activos se utilizan diversos parámetros que explican en parte su comportamiento:

  1. Koc (Coeficiente de Adsorción al Carbono Orgánico): Indica cuánto se adhiere un herbicida a la materia orgánica del suelo. Un Koc alto reduce su movilidad y el riesgo de lixiviación.
  2. Solubilidad: Define cuánto herbicida puede disolverse en agua. A mayor solubilidad, mayor lavado y movilidad, especialmente si la adsorción es baja.
  3. pKa (Constante de Disociación Ácida): Señala el pH al que la mitad de la molécula está ionizada. Con pH del suelo mayor al pKa, aumenta la forma ionizada, la solubilidad y la movilidad.
  4. DT50 (Tiempo de Vida Media): Mide la persistencia. Un DT50 alto implica degradación lenta y mayor riesgo de carryover.

A continuación se analizan estos parámetros para los principales grupos químicos de herbicidas residuales (Tabla 1):

placeholder imageTabla 1. Persistencia, adsorción y solubilidad en el suelo de herbicidas residuales según Familia y mecanismo de acción (MoA). Fuente: REM (2022).
Tabla 1. Persistencia, adsorción y solubilidad en el suelo de herbicidas residuales según Familia y mecanismo de acción (MoA). Fuente: REM (2022).

Factores ambientales que determinan el comportamiento de los preemergentes

Entre los factores ambientales que definen la eficacia, los más importantes son la temperatura, la lluvia, la cobertura y el pH del suelo. La lluvia es decisiva; sin ella no hay activación ni incorporación efectiva, aunque con exceso puede haber lavado. Con menos de 10 mm, la mayor parte del producto queda en el rastrojo; con 15–20 mm, solo parte llega al suelo; y recién con 25–30 mm la incorporación es completa. En superficie seca, flumioxazin puede mantenerse activo 7–15 días, sulfentrazone entre 5–10 días, atrazina hasta 20 días, e imazapyr más de 20 días, acumulando riesgo si se incorpora de golpe. La recomendación es aplicar lo más cerca posible de una lluvia prevista y evitar condiciones secas o ventosas.

La baja humedad del suelo reduce la actividad microbiana y frena los procesos de degradación, prolongando la vida media de los activos. Así, productos como atrazina o sulfentrazone pueden permanecer activos por más de 100 días, incluso después de la ventana de control prevista. Esto incrementa el riesgo de carryover, especialmente cuando las primeras lluvias reactivan de golpe los residuos acumulados. Al redisolverse, estos herbicidas se concentran en la capa donde germinan las raíces del nuevo cultivo, provocando fitotoxicidad en especies sensibles como soja o maíz.

Por otro lado, la cobertura ayuda a conservar humedad, pero también puede retener hasta el 50% del herbicida si no llueve. En cuanto al pH del suelo, este modifica la forma química de las moléculas: en ambientes alcalinos (pH 7–8), algunos activos como las triazinas o imidazolinonas pierden eficacia, mientras que los PPO se mantienen estables.

Por eso, en años secos, es clave considerar la persistencia y movilidad de cada molécula, junto con los factores ambientales que condicionan su degradación (Fig. 1). Comprender esta interacción entre producto y ambiente permite planificar la rotación de cultivos y evitar daños en la implantación.

placeholder imageFigura 1. Claves para el manejo de herbicidas y agua en años secos. Fuente: Christoffoleti (2025).
Figura 1. Claves para el manejo de herbicidas y agua en años secos. Fuente: Christoffoleti (2025).

El manejo de barbechos con preemergentes exige precisión, lectura del ambiente y criterio técnico. No alcanza con aplicar el producto correcto a la dosis indicada: hay que hacerlo con la estrategia adecuada, en el momento óptimo y considerando todas las variables mencionadas.

Como concluyó Christoffoleti, “no hay herbicida bueno o malo; hay condiciones ambientales adecuadas o inadecuadas. Y nuestro rol como agrónomos es leer esas condiciones y ajustar la estrategia para que el producto funcione en el ambiente real, no en el ideal”.

Para conocer más sobre el manejo de preemergentes:

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