Trigo al extremo: rindes que desafían los límites productivos del país
En la frontera productiva de Argentina, donde el calor, el frío y las distancias suelen imponer barreras, el trigo se convirtió en símbolo del potencial de la agricultura bajo riego.
Publicado el 17 de noviembre de 2025

En el norte árido y la Patagonia, productores de las Chacras Aapresid Latitud 28 y Valles Irrigados Norpatagónicos – VINPA - están logrando rindes en el cereal que superan ampliamente los del secano, consolidando un modelo de agricultura extensiva de alto rendimiento en zonas extremas.
Trigo bajo riego: el emblema del salto tecnológico
En ambas regiones, el trigo es uno de los cultivos insignia de la transformación. En el NOA, la Chacra Latitud 28 —que abarca el sur de Tucumán, el este catamarqueño, el oeste santiagueño y parte del centro de Salta— convirtió un cultivo históricamente de cobertura en una alternativa rentable y tecnificada.
“En secano los rindes rondan los 1.800 a 2.000 kg/ha en los mejores años. Bajo riego estamos promediando 5.000 kg, con lotes que alcanzan los 7.500 kg/ha”, explica Esteban Arroyo, Responsable Técnico de Desarrollo (RTD ) de la Chacra Latitud 28, un proyecto que reúne productores que buscan desarrollar sistemas sustentables, muchos de ellos enfocados en la producción de maíz para semilla, actividad que por sus características aporta menos carbono a los suelos e intensifica el uso de recursos.
Desde el otro extremo del mapa, Alfonso Cerrotta, RTD de Chacra VINPA, destaca resultados similares en los valles irrigados del norte patagónico: “Esta campaña los trigos están muy buenos, con potenciales de 8.000 kg/ha. Son cultivos de alta tecnología, con fertilización balanceada y un manejo que busca estabilidad año a año”. La Chacra VINPA es un emblema de desarrollo en Patagonia, ya que convirtió paisajes que sólo permitían ganadería de muy baja carga, a esquemas con rindes récord en cultivos extensivos como maíz y soja bajo riego.

Sanidad y estabilidad: ventajas naturales
La sanidad es uno de los grandes aliados del trigo en estos ambientes. Las enfermedades foliares aparecen de manera esporádica y son fácilmente controlables, lo que permite sostener estrategias de manejo intensivas y previsibles.
En VINPA, la estabilidad productiva que ofrece el riego posibilita mantener rendimientos altos sin grandes variaciones entre campañas, garantizando sustentabilidad económica y agronómica.
Innovación local y manejo ajustado
Tanto en Latitud 28 como en VINPA, la base del éxito es el conocimiento generado en el territorio.
En el norte, los productores ensayan variedades, fechas de siembra, densidades y esquemas de nutrición adaptados a las condiciones regionales. “No todo lo que funciona en secano responde igual en riego. Por eso estamos generando información local que ya se está transfiriendo a otros productores”, afirma Arroyo.

En la Patagonia, los sistemas de riego bajo pivot se apoyan en un uso intensivo de insumos y monitoreo permanente. “El objetivo es asegurar la homogeneidad de los lotes y mantener el potencial productivo. El riego nos permite explorar el techo de rendimiento sin depender del clima”, agrega Cerrotta.
Riego y eficiencia energética: claves de competitividad
El riego es el motor de estos planteos, pero también el principal costo a controlar. En el NOA, la suba de tarifas eléctricas impulsó una reconversión energética: “Casi todos los productores riegan con electricidad. Con la liberación de tarifas, el costo del milímetro se triplicó, y varios comenzaron a invertir en parques solares. Hoy es una estrategia clave para seguir siendo competitivos”, comenta Arroyo.
En la Patagonia, el foco está puesto en optimizar cada milímetro de agua aplicado.
“Un trigo puede demandar entre 500 y 600 mm de riego, y eso representa hasta la mitad del costo total del cultivo. Por eso apuntamos a que cada milímetro se traduzca en kilos cosechados”, detalla Cerrotta.
Infraestructura y desarrollo territorial
En ambas regiones, la distancia sigue siendo un factor determinante. En el caso de Patagonia, “las distancias son grandes, a veces más de 200 km hasta la agronomía más cercana, y el flete al puerto puede representar 30 a 40 dólares por tonelada”, describe Cerrotta.
En el norte, los productores avanzan con esquemas mixtos de maquinaria propia y contratistas locales, fortaleciendo capacidades productivas donde antes no existían.
Con trigos que llegan cuadruplicar los rindes del secano, las Chacras Latitud 28 y VINPA demuestran que no hay zonas imposibles, solo desafíos por conquistar.